Lucha, huida o parálisis
La respuesta de parálisis, de congelación o inmovilidad, es una de las posibles formas que puede tomar la respuesta de estrés en los mamíferos. Durante la misma, el sujeto entra en un estado de parálisis física y mental. El cerebro emocional estima que la situación amenazante nos sobrepasa de tal manera, que es imposible salir de ella huyendo o luchando. Se ha popularizado recientemente el llamado “modo de lucha o huida”, para referirse al estado de activación simpática. Pero frecuentemente olvidamos, que la respuesta aguda de estrés puede tomar tres formas y no sólo dos.
Ante una amenaza el organismo se activa. El sistema nervioso simpático potencia su actividad, frente al parasimpático que se inhibe. El cuerpo produce adrenalina, noradrenalina y cortisol, el corazón se acelera, la respiración también, las pupilas se dilatan, etc. Ahora, la respuesta genérica de estrés, puede tomar distintas direcciones. El cerebro puede estimar que podemos hacer frente a la amenaza, por lo que creará una emoción de rabia, que nos condiciona a luchar. O puede estimar que es más seguro escapar que enfrentarse, en cuyo caso sentiremos miedo, que nos invita a aprovechar la energía extra en una huida del potencial agresor o peligro.
La respuesta de la zarigüeya
Pero como veníamos diciendo, hay una tercera posibilidad. Es la más extrema de todas. Si no se puede luchar ni escapar, quedarse lo más quietos posible puede dar una opción a la supervivencia. A muchos os vendrá a la cabeza el caso de las zarigüeyas. Este marsupial ha ganado popularidad por su particular manera de hacer frente a los peligros. Mientras la inmensa mayoría de los animales intentaría primero escapar, y si no es posible, pelear antes de entregarse, las zarigüeyas (al parecer) ante la mínima señal de peligro se hacen las muertas. Su cuerpo se queda rígido, dejan de reaccionar de manera alguna, y los depredadores normalmente pierden el interés, al pensar que son sólo un cadáver.
Y si la zarigüeya ha desarrollado esa respuesta como la prioritaria, es porque le funciona y optimiza el ratio de supervivencia. Como decíamos, el resto de mamíferos compartimos la respuesta de parálisis, pero solemos optar por huir o luchar como primeras opciones. La respuesta de congelación salva vidas, a veces pasamos inadvertidos. Otras, el agresor no provocado pierde interés, etc. Pero en otras ocasiones resulta inadecuada. Piensa en la imagen de un conejo, congelado frente a las luces de un coche. Podría escapar, pero no sabe como reaccionar, ante un impulso para el cual no ha evolucionado. Entra en congelación y probablemente es atropellado.
“La respuesta de parálisis no ocurre sólo ante potenciales agresiones, también se da ante retos de carácter intelectual, donde no tiene ninguna posible utilidad. ¿Te has quedado bloqueado alguna vez ante un examen, una entrevista de trabajo"
La respuesta de parálisis en humanos
Evidentemente este mecanismo también es común a los humanos. Piensa en la victima de una agresión en grupo, que no se defiende. No lo decide voluntariamente, el cerebro toma la decisión de manera inconsciente,y la persona queda totalmente paralizada. Entre nosotros, la respuesta de parálisis no ocurre sólo ante potenciales agresiones, también se da ante retos de carácter intelectual, donde no tiene ninguna posible utilidad. ¿Te has quedado bloqueado alguna vez ante un examen, una entrevista de trabajo, u otra situación de la vida que, si bien tenga fuerte carga emocional, no albergue riesgo alguno para la supervivencia? Eso es la respuesta de parálisis. No es sólo física, también es también mental, no puedes pensar, no puedes recordar, no puedes decidir, no puedes actuar. El bloqueo mental es el que más daño nos suele hacer.
La parálisis crónica
Tal y como se ha popularizado el termino “modo de lucha o huida”, se tiende a dar a entender que fuese una cuestión de “1” o “0”. Un interruptor que o bien está apagado, o está encendido. Pero no es así en realidad. Es más un continuo, que va desde un estado de máxima relajación, a uno de activación total. Hay muchos grados. Lo mismo ocurre con el modo de parálisis. Esta puede ser más o menos intensa, sentirse más en la mente que en el cuerpo, o más en determinadas partes del mismo.
Por desgracia, en los humanos modernos esta respuesta no es solmenarte puntual, y puede cronificase. Como dice la terapeuta somática Irene Lyon, una de nuestras expertas preferidas en trauma, hay muchas personas que llevan una vida “semi-funcional” acareando algún grado de respuesta de parálisis crónica. Son capaces de obtener títulos universitarios, mantener trabajos, ser padres, ¡O doctores! A pesar de cargar con un lastre que les aleja de su autenticidad, de su máxima capacidad intelectual, de su espontaneidad, de su creatividad… ¡Les aleja de la mejor versión de ellos mismos!
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¿Cómo entramos en modo de parálisis?
Las personas que acarrean esta congelación crónica, con seguridad se habrán enfrentado en sus vidas a grandes cantidades adversidad, estrés y trauma. Quedemos nos con esta palabra “trauma”, porque volveremos sobre ella. Un único evento, realmente e traumático, podría desregular el sistema nervioso de forma permanente (pero reversible). También puede ocurrir por acumulación. El entrar de manera habitual en respuestas de miedo intenso, podría ir desregulando el sistema nervioso de manera progresiva, modificando el estado de equilibrio del mismo.
El trauma, tiene una relación especial con la respuesta de congelación. Una persona con un estado de parálisis crónico, tendrá con seguridad mucho trauma acumulado. Y el caer en fuertes respuestas de parálisis, puede a su vez ser el creador del trauma. Hablaremos del trauma con mucho más detalle en otros artículos, pero veamos brevemente como se genera. Ocurre sobre todo durante la infancia, y no es necesario ser victima de abusos, todos acarreamos trauma.
El trauma nos empuja a nuestras mentes
Imagina que eres un niño pequeño: Empiezas a llorar, pero tu madre se está duchando y no te escucha. Lloras y lloras, hasta que tu mente llega a la conclusión de que, igual nadie viene a consolarte. Llega un momento que te pones tan mal, que la situación y sobre todo la emoción que sientes se vuelven insoportables. ¿Qué hacemos en estos casos? Huimos a nuestra mente. Nos disociamos de la situación y las sensaciones corporales, sencillamente dejamos de sentirlas. Esto nos protege de unas sensaciones demasiado intensas, pero las emociones que debimos haber sentido en ese momento, quedan atrapadas en el cuerpo.
Algo tan simple como lo descrito, produce trauma. Esas emociones que quedan atrapadas en la memoria muscular del cuerpo y el sistema nervioso, son precisamente el trauma. Por lo tanto, todos acarreamos trauma, y todos nos sentiríamos mejor si consiguiésemos liberar, al menos parte de él. Esta sobrecarga de reacciones de estrés afudas y emociones sin procesar, puede hacernos propensos a entrar en modo parálisis con facilidad, o incluso arrastrar un cierto nivel de bloqueo crónico. No pensemos que es algo que afecta sólo a unos pocos, la mayoría lo sufrimos o sufriremos en mayor o menor grado.
Salir de la respuesta de congelación
Te propongo que reflexiones sobre esto ¿Has sido víctima de la parálisis? Ya sea aguda y en momentos puntuales, o arrastrando una cierta carga de lastre, que te impide ser tu mismo. Tal vez durante una temporada, tal vez hay situaciones concretas (o incluso personas) que te hacen entrar fácilmente en tal estado de bloqueo. Yo desde luego si me veo reflejado. En los momentos más oscuros de mi depresión y ansiedad, pasé meses enteros literalmente congelado, y todavía la parálisis me persigue en momentos puntuales de alto estrés.
Me gustaría decirte que hay un método sencillo, infalible e instantaneo para salir de la parálisis, pero me temo que no existe. O yo no he dado aún con él, a pesar de todo lo que he buscado tal solución. En próximos artículos, hablaremos sobre los fundamentos para salir del bloqueo crónico, y traeremos la opinión de distintos expertos. Pero de momento os voy a dar unos consejos, que sin ser mágicos, ayudan a salir del estado puntual de bloqueo.
1 vuelve al cuerpo
Lo que hacemos en las situaciones que nos sobrepasan, es precisamente huir del cuerpo, e instalarnos en la mente (es lo que genera el trauma). Yo te propongo hacer lo contrario, devuelve la atención a las sensaciones corporales, siente lo que tengas que sentir, sin resistirlo. Volver a conectar con el cuerpo es clave para gestionar la parálisis y el trauma. Nada como práctica Mindfulness para aumentar esa conexión.
2 Respira despacio
Respirar despacio, especialmente si es desde el vientre potencia la activación del sistema parasimpático, responsable de la respuesta de relajación. Centrarte unos minutos en las sensaciones del cuerpo y la respiración, te ayudará a salir de tu mente, que es donde, probablemente, se esté generando todo el estrés.
3-Muévete
Aunque tu problema sea más de parálisis en la mente que en el cuerpo, ambos están continuamente conectados. Si hay un bloqueo en la mente probablemente también en el cuerpo. Muévete, estírate, sacúdete, baila. Suelta el cuerpo y la mente se aflojará con él.