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6 condiciones para el estado de flujo

Flujo, foco y precisión, siempre van de la mano.

Condiciones para el estado de flujo

Estas son las 6 condiciones principales para que se desarrolle el estado de flujo:

  1. Reto a la medida de las habilidades

  2. Existen unas metas claras

  3. Existen unas normas y técnica a desarrollar

  4. La actividad nos ofrece “feedback”

  5. Desaparece el ego

  6. Desaparece el tiempo

¿Qué es el estado de flujo?

El estado de flujo, o estado de “Flow” en inglés, se suele describir también como “experiencia óptima”. Este es un estado mental en el que se logran los mejores resultados posibles, a nivel de rendimiento. Y al mismo tiempo se obtiene una experiencia altamente placentera. Este es un estado buscado por deportistas de élite, y otros profesionales de alto rendimiento, que todos experimentamos de tanto en tanto, aunque no seamos conscientes de ello.

Este es un estado de total presencia y máxima concentración, en el que nos olvidamos de nosotros mismos y fluimos con la actividad. Durante el estado de flujo, el rendimiento y también la creatividad se disparan de manera exponencial. Tanto es así que, en muchas profesiones, el número de horas que consigamos pasar en estado de flujo, puede ser más importante que el número total de horas trabajadas.

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Reto a la medida de las habilidades

Si afrontamos una tarea, que es muy difícil, comparada con nuestras aptitudes, se generará ansiedad. La experiencia será probablemente desagradable y nuestro desempeño será menor a nuestro potencial real. La dificultad generará desmotivación y probablemente muchas interferencias, en forma de diálogo interno. Si por el contrario la tarea es muy fácil, genera aburrimiento y a la postre desinterés. La experiencia y el rendimiento estarán lejos de su máximo también.

En cambio, la actividad generadora del flujo, debe ofrecer una dificultad a la medida de nuestras capacidades. Un nivel de exigencia que nos obligue a sacar lo mejor y nos lleve un poco más allá de donde estamos. Que requiera todos nuestros recursos, pero al mismo tiempo nos premie haciéndonos sentir competentes. Este es el estado en el que conseguimos desplegar todo nuestro potencial y además lo hacemos crecer. También es el estado más placentero. Tanto es así, que existen muchas personas que consiguen mayor disfrute y satisfacción en sus trabajos, en los que consiguen desplegar el estado de flujo, que en ninguna actividad de ocio en su vida privada.

Existen unas metas claras

Es más fácil provocar el estado de flujo en una actividad que tenga unas metas claras. No estamos hablando de unos objetivos etéreos de largo plazo, o un propósito (que también podría ayudar si hace que relacionemos la actividad con nuestra identidad). Nos referimos a metas de corto plazo y metas intrínsecas. En el estado de flujo toda la atención está en la actividad en si misma y las metas también. Por ejemplo, un jugador de tenis, que durante el partido se centre en la meta de pasar cada pelota por encima de la red, tendrá muchas más posibilidades de entrar en flujo, que uno que entre al partido pensando en que quiere ser Nº1 de la ATP (lo cual es un objetivo extrínseco).

Existen unas normas y técnica a desarrollar

 El estado de flujo es más dado a ocurrir en actividades que tengan unas normas claras. Actividades que requieran unos ciertos conocimientos, y maestría sobre una técnica específica. Un buen ejemplo serían las actividades deportivas. Y dado que el flujo ocurre en el límite de nuestras capacidades, esta técnica se desarrollará con cada entrada en flujo. De aquí podemos inferir, que otro de los elementos típicos del flujo, es que se produce un aprendizaje.

Estado de flujo y deporte de alto rendimiento son uno.

La actividad nos ofrece “feedback”

Para que el flujo se mantenga, es necesario que la actividad a realizar nos ofrezca “feedback” inmediato. Es decir, debemos de recibir retroalimentación continua de si lo estamos haciendo bien. Este “feedback” hará crecer el sentimiento de ser competentes, y con el la sensación de control. Esta sensación de control es inherente al estado de flujo. El fin del control, el aparecimiento de las dudas y del diálogo interno, marcan el final del flujo.

Desaparece el ego

Cuando estamos en flujo, nos fundimos con la actividad y desaparece la referencia a nosotros mismos. Estamos 100% centrados en la experiencia y desaparece el “Yo narrativo” o el “Yo autoibiográfico” lo que en Sentirme Mejor llamamos el EGO. Y con el, desaparece el dialogo interno. ¿Que podemos saber de alguien que está ejecutando cualquier actividad al máximo nivel? No se está diciendo nada en su cabeza. En cuanto empieza la “chachara interna”, incluso si es para decirme lo bien que lo estoy haciendo, se termina el flujo. En la filosofía Zen, cuyo objetivo es la disolución del ego, se habla de ser “predicado sin sujeto”

Desaparece el tiempo

Otra cosa que desaparece en el estado de flujo, es el tiempo. Puede que las horas pasen sin darnos cuenta, o que seamos capaces de estirar un instante como si fuese un chicle. El “flow” es un estado de extrema presencia, sólo el presente existe. Y esta es una de las razones por las que es tan placentero. El tiempo y el ego son dos construcciones de las partes más modernas de nuestro cerebro, y siempre van de la mano. El ego vive en el pasado y el futuro, en un estado de plena presencia se desvanece. Y con el sus juicios y la narración mental incesante, que se convierten siempre en interferencias limitantes de nuestro potencial.

Para profundizar en la comprensión de los estados de flujo, recomendamos la lectura del libro Fluir de Mihaly Csikszentmihalyi, en el cual nos hemos inspirado en este artículo.

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Categorías: Coaching
alex hick: Experto en gestión de estrés, monitor de Mindfulness, meditación y técnicas de respiración. Enamorado de la mente, y divulgador de temas como la neurociencia o la psicología, ansiedad y depresión.