Ansiedad y estrés
Ansiedad y estrés, estrés y ansiedad, dos términos, que escuchamos mucho últimamente. Si bien, se utilizan como sinónimos coloquialmente, no significan exactamente lo mismo. Dibujar con exactitud la frontera entre uno y otro, no va a ser sencillo. Ambos términos se utilizan con diferentes acepciones, incluso entre los expertos. ¿Es uno un ingrediente necesario del otro? ¿Son dos formas de lo mismo? ¿O son cosas totalmente distintas? Vamos a intentar arrojar luz, en este artículo. Tratando de comprender que mecanismos se ocultan bajo estos procesos. Si entendemos lo que nos ocurre, llamarlo estrés, ansiedad, o de otra forma, es indiferente.
La repuesta fisiológica del estrés y la ansiedad
La respuesta de estrés, es un mecanismo genérico, del cual disponemos todos los mamíferos. Se activa involuntariamente, cuando el cerebro localiza una amenaza, de cualquier tipo. Como decíamos, es un respuesta genérica, es la misma para amenazas físicas, que psicológicas; para amenazas reales, imaginadas, presentes o ausentes. Distintas respuestas emocionales como el miedo o la ira, desatan la respuesta de estrés. Pero la misma, también se activa por motivos puramente físicos como el frío, o el esfuerzo. No existen respuesta de estrés y respuesta de ansiedad. Entendiendo por estrés, la respuesta de estrés, esta es un ingrediente de la ansiedad.
Desgaste por estrés y ansiedad
La respuesta de estrés, está capitaneada por la activación del sistema nervioso “simpático”, que controla la respuesta de activación (o excitación) del organismo. La misma, da la orden a todo el cuerpo, de prepararse para repeler amenazas. La digestión de alimentos, la reparación de tejidos, o la reproducción celular, pasan a un plano secundario. Temporalmente, genera un desequilibrio, que se corregirá al pasar la amenaza y volver a modo “parasimpático”, dónde la búsqueda de equilibrio (homeostasis) es la directriz principal. Pues bien, cuando pasamos demasiado tiempo en modo simpático, el desequilibrio va generando un desgaste, que puede llegar a ser muy grave. En muchos ámbitos, es a este desgaste a lo que se llama estrés. Pero desde esta perspectiva, ese desgaste sería el mismo que produce la ansiedad prolongada.
Ansiedad como desorden
Sentir ansiedad ocasionalmente es algo totalmente natural. Siendo desagradable, puede resultar incluso útil, en algunas circunstancias. Otra cosa es los desórdenes de ansiedad, que se tratan con psicoterapia y con fármacos, que aún comunes (Según el “National Institute of Mental Health” hasta un 31% de los estadounidenses sufrirán uno en su vida) si son una disfunción. Existen condiciones en las que la ansiedad se cronifica y genera menoscabos importantes. Puede ser ante una situación particular (como las fobias) o una tendencia generalizada a la preocupación y nerviosismo (desorden de ansiedad generalizado). En estos casos, y por el motivo que sea, se da un desajuste en la respuesta de estrés. Se crea un sesgo, hacia pasar en modo simpático demasiado tiempo, a entrar con excesiva facilidad y a salir con mucha dificultad. Podríamos decir, que un desorden de ansiedad, es un desorden de estrés, ya que la respuesta de estrés descontrolada, es el principal ingrediente.
La ansiedad como emoción
Hay quien considera a la ansiedad simplemente una emoción, y no nos parece mal esa definición. Una emoción tiene dos ingredientes: El nivel de activación (o nivel de estrés), que en el caso de la ansiedad es un nivel alto; y la “valencia” que viene marcada por si la sensación agradable o desagradable. La ansiedad tiene valencia negativa, y esta puede ser una de las diferencias con el estrés. El estrés es neutro, existen situaciones en las que la respuesta de estrés, se asocia a una valencia positiva (la celebración de un gol, por ejemplo). La sensación que asociamos con la ansiedad es desagradable, para motivarnos a la acción, y nos aporta energía (activación) para hacer frente al reto. El cerebro considera que hay algo que está mal y nos impulsa a cambiarlo.
Ansiedad y sentimiento de deficiencia
Ahora, lo que está mal, en ocasiones, es la propia idea que tiene nuestra mente sobre nosotros mismos. Dado que ser aceptados es algo tan importante, para animales sociales como los humanos; si albergamos sentimientos de indignidad o deficiencia, hacia nosotros mismos, lo pagamos (entre otras cosas) con ansiedad, que trata de impulsarnos a hacer algo, para revertir tal deficiencia. En este caso, el estresor lo llevamos a todas partes ¡Somos nosotros mismos! Si pienso (conscientemente o inconscientemente), “yo no valgo”, “yo no debería ser así”, ante aquello que no debería ser de una determinada manera, el organismo responde con esa sensación incómoda, que aquí llamamos ansiedad, para que hagamos algo al respecto. Pero muchas veces, no hay nada que podamos hacer, y es mejor revisar las interpretaciones y faltas de aceptación, que nos llevan a sentirnos así.
Si estás sufriendo habitualmente este tipo de ansiedad, sin saber muy bien por qué, te invito a reflexionar sobre esto ¿Y si el estresor soy yo mismo?
¿Qué es ansiedad y qué es estrés?
Una de las formas más extendidas de diferenciar estrés y ansiedad, que si bien nos gusta, no es tampoco infalible, es la basada en la relación entre la reacción y el estresor. En lo que se llama estrés, existe un estresor externo, claramente identificado. Puede ser una amenaza que esté frente a nosotros (por ejemplo, alguien con aspecto sospechoso que me mira), puede ser un evento venidero o potencial, cercano en el tiempo (por ejemplo, un examen próximo), o una condición estable, presente en el largo plazo (por ejemplo, una enfermedad o condición física).
En cambio, en lo que esta definición llama ansiedad, la relación entre el estresor y la reacción es mucho más difusa. La ansiedad sería un estado de intranquilidad, preocupación y excesiva activación, que se da de manera persistente, en ausencia de un estresor determinado. Puede haber muchas causas, o tal vez una principal, de la que no somos conscientes, pero el estado se extiende más allá de las mismas, tiñendo muchos aspectos de nuestra vida. Puede que tenga demasiados temas pendientes, lanzando sus alertas en segundo plano. Puede que me sienta atrapado por las circunstancias. O puede, como dijimos antes, que yo mismo me sienta deficiente o inadecuado. Si estás sufriendo habitualmente este tipo de ansiedad, sin saber muy bien por qué, te invito a reflexionar sobre esto ¿Y si el estresor soy yo mismo?