“Si quieres mejorar el mundo, comienza por hacer sentir seguros a los demás”
Regulamos nuestro estrés en grupo
Dice Stephen Porges, padre de la “teoría polivagal”, que los seres humanos, como mamíferos sociales que somos, regulamos nuestro estrés en grupo (él probablemente hablaría más de nuestro estado autónomo, que de estrés). Por supuesto Porges reconoce y promociona la utilización de métodos de autorregulación basados en respiración, mindfulness y terapia de sonidos, por ejemplo. Pero el mecanismo principal, sigue siendo la regulación social. Las pistas de seguridad que nos envían otros individuos, son la mejor manera de regular nuestro sistema nervioso autónomo.
Regulando el sistema nervioso autónomo
El sistema nervioso autónomo, hace honor a su nombre. Toma cruciales decisiones a tiempo real, en función de las “pistas” del entorno, totalmente fuera de nuestro control consciente. El SNA decide en cada momento, si las señales del entorno le indican que estamos seguros, si por el contrario estamos bajo alguna potencial amenaza, o incluso ante un peligro de muerte inminente e incontestable. En función de ello, una de sus 3 ramas (si 3 no 2, ya hablaremos en más detalle de teoría polivagal otro día), se torna dominante, con importantes consecuencias en nuestras capacidades y experiencia.
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Para sentirse bien, hay que sentirse seguro
¿Te gusta sentirte conectado? ¿Te gusta sentirte a salvo, seguro, fuera de peligro? ¿Te gusta sentir apertura, o confianza? ¿Te gusta como te sientes cuando expresas o recibes amor de tus seres queridos? ¿Te gusta sentirte juguetón? ¿Y creativo e inspirado? ¿Te gusta cuando puedes pensar con claridad, recordar y tomar decisiones? ¿Qué tal te suena compartir, bailar, cantar, reír? Si te gusta sentirte así, se lo tienes que agradecer al la rama parasimpática-ventral de tu sistema nervioso autónomo. El nombre es un poco complicado si… Pero esta parte de nuestro sistema nervioso propia de los mamíferos es la responsable de todas esas actitudes y sensaciones agradables.
“Te digo lo que es libertad para mí: No tener miedo”
Pistas de seguridad
El sistema nervioso busca continuamente pistas de seguridad (o falta de ella) en el entorno. Ciertas frecuencias de sonidos, la familiaridad o novedad del entorno, olores, una iluminación y temperatura adecuadas, etc, ayudan a decidir al SNA, si necesita o no, lanzar uno de los sistemas de respuesta a amenazas (lucha y huida o inmovilización). Si la situación parece manejable desde el modo social, está es siempre la primera opción. El problema, es que nuestro entorno puede estar lleno de señales de alarma. Muchas cosas de las que no somos conscientes, pueden estar empujándonos fuera de equilibrio.
Haz sentir seguros a otros
Pero como decíamos, las pistas más potentes son las que el SMI recibe de otros cogeneres. El contacto visual cara a cara, la falta de tensión en los demás, gestos expresivos y discursos prosódicos dicen al sistema nervioso autónomo que estamos seguros. Al parecer, según dice Porges, el cerebro se fija principalmente en la parte superior del rostro de los otros. Las miradas y el gesto que transmitamos desde la zona de los ojos, son fundamentales para hacer sentir seguros o inseguros a los demás. Gestos rabiosos, pero también inexpresivos, son codificados como señales de alarma. El negar la mirada a otro en un momento de tensión, puede despertar comportamientos violentos.
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Sonreír con los ojos
En vista a lo dicho, os vamos a proponer un sencillo y agradable ejercicio que podéis poner el práctica, literalmente todo el tiempo. Sonreír, es algo nos hace sentir bien a nosotros mismos, si mantienes una sonrisa, incluso forzada por un par de minutos, deberías sentirlo. Ahora, prueba lo siguiente: Trata de sonreír con los ojos. La boca y el resto del gesto pueden acompañar, pero céntrate en que tus ojos sonrían.
Probablemente puedas notar como te hace sentir a ti. Pero lo más potente, es como haces sentir a los demás, enviándoles una señal de seguridad, desde la zona de tu cuerpo que su cerebro va a sondear con mayor profundidad, aunque ellos no sean conscientes. Hacer sentir bien a otros, es algo que nos aporta bienestar a nosotros mismos, además de que aquello que tu reflejes, es lo que acabará volviendo reflejado en los demás.
Te invito a buscar un compañero de confianza, poneros cara a cara y probar lo siguiente:




