Coaching

Lograr resultados a través de tus
propias reflexiones y conclusiones

Los términos coaching o coach han estado muy de moda en los últimos tiempos. Al reciente crecimiento de esta disciplina le acompaña un alto grado de incertidumbre. A todo se le llama coaching, todo el mundo es coach de esto o aquello. Se está sin duda abusando del término y confundiendo el coaching con un proceso de asesoramiento, lo cual en todo caso sería terreno de otras disciplinas como la consultoría o el mentoring.

¿Qué es el coaching?

Si preguntamos qué es el coaching, obtendremos innumerables respuestas distintas. Incluso si encuestamos a los propios coach veremos que la profesión está lejos del consenso sobre su propia definición y límites. El coaching es un proceso de acompañamiento, en el que el coach apoya a su cliente (coachee) en la consecución de un o varios objetivos. La diferencia principal con otros procesos es que no hay trasferencia de conocimiento. El coach guía a su cliente para que este cree sus propias asociaciones, llegue a sus propias conclusiones y establezca un plan de acción propio.

El término coach ha estado muy de moda los últimos años. ¿Quién no lo ha escuchado? Ahora si preguntamos ¿Qué es el coaching? Las respuestas que obtendremos serán muy imprecisas, cuando no totalmente equivocadas. Se tiende a asociar el termino coach con un entrenador, pero no es eso lo que significa (En EEUU si se utiliza en ese sentido). Existe el coaching deportivo, pero el coach deportivo es coach, no entrenador. También existe una disciplina llamada entrenamiento mental. Muchos entrenadores mentales son coach, pero estos son procesos diferentes. Otra acepción habitual de la palabra coach, es un asesor personal. Muchos de los que se nos presentan como coach-asesor, no son más que comerciales, pero incluso el asesoramiento puro y desinteresado tampoco es coaching.

El termino coach proviene de al húngaro “Kocsi” que viene a ser un tipo de carruaje. Ya podemos intuir que el coaching es un “vehículo”. Un coach, es un profesional que acompaña a sus clientes en la consecución de objetivos o resolución de problemas, definidos por ellos mismos. Un coach no trata patologías mentales, como si haría un psicólogo, ni hace diagnósticos. Tampoco ofrece su propio conocimiento ni experiencia. La práctica del coaching parte de la base de que todo el conocimiento que necesitamos para guiar nuestra propia vida, está dentro de nosotros mismos.

Ahora bien, para poder asociar nuestras ideas y experiencias de manera eficiente, para comprender nuestros propios patrones mentales y emocionales y aflorar el máximo de nuestra creatividad, muchas veces necesitamos un poco de ayuda. Y para eso sirve el coaching, es una práctica muy estudiada y estructurada, que sirve para que tú sepas lo que tienes que hacer, sin que nadie tenga que decírtelo.

Y esta es su auténtica magia. El coaching se basa entre otros, en los principios de libertad y responsabilidad individuales. Dado que en los procesos de coaching se tratan temas personales ¿Quién mejor que tú conoce tu propia vida? ¿Quién puede decidir por ti? ¿Acaso va a hacerse responsable? Para el coach solamente importa un punto de vista, un mapa de la realidad. ¡El de su cliente! De hecho, una de las partes más difíciles del entrenamiento como coach, es aprender a dejar de lado su propio juicio, no hacer sus propias interpretaciones, no teñir el proceso de sus propias experiencias o valores.

Todo el trabajo se hace para el cliente y desde el cliente. Se trata, de que descubras cuál es la decisión correcta, y como ejecutarla. Pero correcta para ti, ya que opiniones hay tantas como personas, y tu vida es sólo tuya. Para ilustrar el mayor valor que tienen las decisiones propias, sobre las indicaciones de terceros, reflexiona unos segundos sobre esto: ¿Cuántas personas conoces, que hayan cambiado sus ideas políticas a lo largo de su vida? Ahora ¿A cuántos conoces, a los que otro les haya convencido para cambiar de ideas políticas, tras una discusión?

Lo primero que hará un buen coach, es ayudarte a definir correctamente tu objetivo en el proceso de coaching. Esto puede ocupar el total de la primera sesión (sesión exploratoria). Es común, que los clientes tengan un objetivo difuso, o que el mismo se matice o modifique por completo a lo largo del proceso. El coach te ayudará a definir un objetivo concreto y medible en su grado de consecución. También que este sea retador, suficientemente ambicioso y atractivo pero alcanzable. Por último habrá que definir el plazo, que te marques en la consecución del mismo. Antes de si quiera pensar en que pasos dar, hay que definir con exactitud dónde quieres llegar.

La herramienta principal del coach será hacer preguntas. Preguntas, preguntas y más preguntas. El objetivo de las mismas no es tanto que el coach comprenda tu realidad. Y mucho menos hacerte llegar a conclusiones que el coach ya conoce. La pregunta auténticamente valiosa en coaching, es la que llamamos la “pregunta poderosa”. Esa es una pregunta para la cual, ni el coach ni el cliente conocen la respuesta. Una pregunta que te haga reflexionar, que te haga “escarbar” profundo y relacionar ideas y experiencias para llegar a la respuesta, tu respuesta. 

Este tipo de preguntas son las que realmente nos pueden llevar a crear nuevas asociaciones, a “engendrar” nuevas ideas a partir de lo que ya sabemos, lo que en psicología se llama un “insight”. Otra herramienta clave para el coach es la devolución. El coach estructurará la información que tú le das, devolviéndotela para que puedas escuchar tus razonamientos en boca de otro, retándote a buscar conexiones y contradicciones entre tus propios argumentos. A veces es necesario sacar las cosas fuera y verlas ordenadas, para que surja el ¡AHA!, y poder comprender tus propios patrones de razonamiento.

Sentarse a hablar por hablar durante horas, independientemente de que el contenido de estas conversaciones sea interesante, no es coaching. Si las sesiones no se traducen en planes de acción concretos y el compromiso del cliente de llevarlos a cabo, al proceso de coaching le faltaría la “pata” más importante. Los procesos de retroalimentación de pensamientos y emociones son importantes, pero es su traducción en acciones lo que cristaliza los cambios. Si modifico mi manera de pensar y sentir, pero no actúo en consecuencia, los antiguos patrones no tardarán en regresar, o crearé una peligrosa disonancia entre mi mundo interior  y la realidad.

El proceso de coaching está diseñado para motivarnos a la acción en tres fases distintas del mismo. Primero, tras definir bien el objetivo y explorar la situación actual y eventos pasados que puedan estar condicionando el presente, el coach nos invitará a poner sobre la mesa distintas alternativas de actuación. Después, para cerrar cada sesión el coach pedirá decidir por al menos un plan de acción a ejecutar antes de la siguiente sesión. Al comienzo de cada nueva sesión se realizará una evaluación de cuales fueron los resultados de la aplicación del plan y si las medidas tomadas pueden prolongarse o es mejor probar nuevas alternativas. Las personas solemos romper más fácilmente los compromisos con nosotros mismos que con los demás, así que estos acuerdos con nuestro coach actúan como importante motivación a ir intentando distintas opciones.

Otra ventaja del coaching sobre cualquier otro proceso de ayuda, donde el experto te transmita su propio conocimiento es el aprendizaje que uno desarrolla durante el mismo. Si voy a un experto con un problema “X” y me ofrece una solución “Y”, tal vez esto me sirva en el futuro en una situación exactamente igual. Pero en el coaching, todo el proceso de “X” a “Y” ha sido explorado y recorrido por el cliente (con ayuda de su coach y la estructura del proceso).

Por el camino habrá aprendido cosas importantes sobre sí mismo, sobre sus patrones mentales y emocionales, sobre su forma de aprender. Aprendizajes muy valiosos en sí mismos, más allá del objetivo del proceso y aplicables en otras áreas de su vida. Durante el proceso, el cliente aprenderá a aprender y podrá afrontar de manera más eficiente retos distintos que se presenten en el futuro. Por último, el lograr resultados a través de sus propias reflexiones y conclusiones aumentará notablemente su autoconfianza.

Uno de los pilares de muchos procesos de coaching, será la localización de las propias creencias. Las creencias de una persona configuran su mapa de la realidad: Qué es posible y qué no; Qué es bueno y qué malo; Quién es digno y quién indigno, etc. Por decirlo de alguna manera, una creencia es un juicio o una opinión. Pero internamente, es tratado como un hecho, consciente o inconscientemente. Todos albergamos creencias sobre el mundo, o sobre los demás. Pero sobre todo, sobre nosotros mismos. Algunas de estas creencias son empoderantes “Si me lo propongo puedo”. Pero abundan más las limitantes “nunca conseguiré un buen trabajo, porqué mi padre no es rico”. Estas creencias dan forma a nuestra existencia de manera muy profunda. En ocasiones para bien, pero muchas veces para mal. Tan poderosas son, que tienen efectos fisiológicos medibles en el organismo (recuerda el efecto placebo).

Pues bien, durante un proceso, un buen coach te ayudará a localizar tus propias creencias. En ocasiones, no serás consciente de que tal razonamiento está operando a nivel inconsciente. Otras veces serás consciente de tal opinión, y el coach te ayudará a darte cuenta de que es una generalización, que no tiene porque ser una norma. El hecho de localizar una creencia será el primer paso para controlarla. No va a desaparecer tan fácilmente, pero el tomar conciencia de ella, le resta mucho poder. El segundo paso, será establecer planes de acción, en los cuales actuemos de manera contraria a esa creencia. Si la creencia fuese “Lo que yo opine no le importa a nadie” El comportamiento que reforzaría tal creencia es, quedarme callado. Si quiero ablandarla, debería empezar a buscar ocasiones o foros, donde expresar mi opinión.  

Si quieres saber más sobre creencias, te puede interesar: ¿Qué es una creencia?

Se tiende a asociar el coaching con la psicología, y sin duda una y otra disciplina tienen puntos en común. Algunos coach son psicólogos, pero otros muchos proceden de las profesiones más diversas. El origen del coaching realmente está más enraizado en la filosofía que en la psicología. De hecho el primer referente de la práctica del coaching, lo encontramos hace más de 2.500 años en la antigua Grecia y no es otro que Sócrates. A través de la “mayéutica”, Sócrates desarrolló el arte de engendrar el conocimiento en sus interlocutores a través de preguntas, haciéndoles ver sus contradicciones, pero sin expresar su propia opinión.

Otro de los pilares de la actual práctica del coaching lo establece Tim Gallwey, con el desarrollo de lo que él llamó el “juego interior”. Tim Gallwey es un entrenador de tenis, que llego a la conclusión que con menos interferencias de los monitores y de los propios pensamientos del tenista, la mente inconsciente y el cuerpo aprendían más rápido, y ejecutaban el juego de manera mucho más efectiva. Sin pretenderlo Gallwey se convirtió en una referencia internacional, mucho más allá del ámbito deportivo, y maestro de los “padres” del coaching moderno: Sir John Whitmore, Graham Alexander o Robert Deal. Por último, no podemos pasar por alto a Carl Rogers, psicólogo creador de la terapia no directiva o centrada en el cliente, que posteriormente se llamaría councelling. A pesar de que esta si es una terapia psicológica propiamente dicha, tiene gran influencia en el desarrollo de el coaching actual.

El coach te ayudará a definir un objetivo concreto y medible en su grado de consecución

Cuadro Gris 1
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Se trata de una práctica muy estudiada y estructurada, para que tú sepas lo que tienes que hacer, sin que nadie tenga que decírtelo.

2.7 Coaching 03

Para tí, o tu empresa...

Rendimiento y bienestar
Mindfulness para empresas
MBSR

Coaching humanista no directivo

Este estilo de coaching, que también podemos llamar “coaching europeo”, es el coaching purista por antonomasia. Lleva hasta sus últimas consecuencias la no directividad. Un coach humanista nunca propondrá su propia interpretación, ni compartirá sus opiniones personales. El coach no directivo se basa en el principio del “sólo sé que no se nada”. El papel del coach es respetar estructura del proceso y de la entrevista de coaching, y hacer las preguntas adecuadas para estimular la introspección y creatividad de su cliente.

Coaching ontológico

Otra de las principales escuelas de coaching, es el llamado coaching ontológico. Esta corriente es la principal en América Latina  y tiene su base filosófica y metodológica en la “ontología del lenguaje”, teoría desarrollada por el chileno Rafael Echeverría.

Este tipo de coaching trabaja “el ser”, lo que esta disciplina llama “el observador”, bajo la premisa de que para conseguir resultados distintos, debemos ser de facto una persona (observador) distinta. Para ello trabaja en las experiencias, emociones, estados de ánimo, creencias y juicios, además de la manifestación corporal de los mismos.

¿El mentoring es coaching?

El mentoring es un proceso de acompañamiento diferente, que muchas veces se confunde con el coaching. No es que sea mejor ni peor, simplemente su base es distinta y su utilidad también. El mentor si guía a su cliente transfiriéndole su conocimiento. De hecho la razón de ser del mentoring, es la transmisión de la experiencia personal del mentor. Este debe haber ocupado el mismo puesto de trabajo, tener amplia experiencia en el mismo oficio, o haber experimentado el mismo proceso vital al que se enfrenta el cliente.

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Trabaja en las experiencias, emociones, estados de ánimo, creencias y juicios

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¿El coaching funciona?

El coaching es una disciplina que no cuenta con una gran base científica. Esto está comenzando a cambiar, ya que la ciencia moderna nos empieza a permitir estudiar el cerebro y comprobar cosas que antes solo se podían intuir. Aun así a día de hoy la mejor manera de demostrar su efectividad, es fijarnos en la opinión de los clientes que han recibido procesos de coaching. La demanda de coach no para de crecer, tanto en entornos empresariales como personales y otros nichos específicos como el coaching deportivo. Existe una necesidad que ninguna otra disciplina puede cubrir.

¿Puedo resolver mi problema con coaching?

Esto depende totalmente de cual sea tu objetivo o problema a resolver. Para que el coaching sea el proceso adecuado, han de darse una serie de condiciones: Primero, que el conocimiento necesitado sea tácito (Ej: montar en bicicleta), no técnico (Ej: programar en C++). Segundo, tener tiempo suficiente. Ya que el proceso de introspección y alumbramiento de soluciones propias, lleva un tiempo.

Si buscas tratamiento para una patología mental, necesitarás un psicólogo o un psiquiatra (o ambos), no un coach. si lo que necesitas es conocimiento técnico, entonces un formador es la mejor alternativa. Si el tema tiene mucha urgencia, necesitarías un profesional que de te directametne una solución, como un consultor.

¿Para qué sirve el coaching?

Tal vez quieres cumplir ciertos objetivos en tu vida y necesitas ayuda para concretar un plan de acción. Tal vez no sabes exactamente lo que quieres, pero sabes que necesitas un cambio. Puede que necesites ayuda para tomar una decisión importante en tu vida. ¿El coaching sirve para esto? ¿Podría ayudarme? Puede que te hayan ofrecido participar en un proceso de coaching. O que estés investigando, si el coaching es el proceso de ayuda que necesitas. En este artículo intentaremos  arrojar luz, sobre para qué sirve el coaching y para que no. Así podrás comprender de manera clara si es esto lo que buscas.

El coaching se asienta en la base de considerar, que cada ser humano es completo, capaz y lleno de recursos. El coach no se considera un sabio, poseedor de las respuestas que el cliente está buscando. El coach confía plenamente en el cliente, lo considera el mayor experto en su propia vida, y el único capaz de tomar las decisiones que la definirán. Desde la perspectiva del coaching, no existen dos personas iguales, ni dos situaciones, objetivos o problemáticas iguales.

No existen modos estándar de percibir la realidad. Por lo tanto, no existen respuestas estandarizadas. El “mapa de la realidad”, los anhelos, objetivos, experiencias y creencias de cada uno son únicos. En base a los mismos el coach te ayudará a encontrar soluciones también únicas, tus soluciones. Si crees en tus propios recursos y buscas ayuda para aprovecharlos al máximo y conseguir tus objetivos sin renunciar a tu libertad y responsabilidad personales, el coaching es lo que necesitas.

Esta es una pregunta que muchas veces se plantea, ¿De qué me sirve el coach, si no me va a decir lo que tengo que hacer? El coaching sirve para ayudarte a explorar tu mundo interior; A definir qué es lo que quieres y para qué; A asociar ideas, experiencias y conocimientos propios; a comprender tus propios patrones de razonamiento, emocionales y de comportamiento y tus creencias, traerlos a la consciencia y desde ahí ser capaz de modificarlos para lograr tus metas.

A través de sus preguntas, herramientas y estructura del proceso de coaching, el coach te ayudará a “engendrar” una idea o descubrimiento. Lo que en psicología se llama “insight”, lo podríamos calificar como momento de ¡Aha! o ¡Eureka! Es el instante justo, en que una nueva idea es engendrada, por combinación de ideas pre-existentes (todas las nuevas ideas son asociaciones de otras). Este momento produce patrones específicos de ondas cerebrales, medibles con las modernas técnicas de neuro-imagen. Estudios recientes, demuestran que los procesos de coaching no directivo, propician la generación de estos estados cerebrales asociados a la creatividad, mucho más que la reflexión solitaria, o los procesos en los que un experto nos guía con su conocimiento.

Por llevarlo a un ejemplo: te enfrentas a un viaje de exploración en un territorio salvaje, tu propio interior. Podrías buscar un guía, alguien que ya ha estado allí, conoce el terreno, tiene mapas, etc. Pero dado que tu interior es un territorio inexplorado, no existen mapas fiables. Puedes buscar la compañía de un profesional, que asume que desconoce por completo el territorio a explorar, pero que es un experto en exploración y cartografiado de nuevos confines. Este profesional sería un coach.

Unos de los criterios principales para decidir si el coaching sirve para trabajar tu objetivo, es entender si el conocimiento que necesitas adquirir es técnico o tácito. Para comprender la diferencia lo ilustraremos con un ejemplo. Imaginemos que mi objetivo es aprender inglés. Si lo que necesito es alguien que me enseñe la gramática, ortografía y vocabulario de la lengua inglesa, lo que estoy reclamando es conocimiento técnico. Este es universal y transmisible. Una persona podría transferir sus conocimientos a otra, a través de por ejemplo un manual. Este sería trabajo para un profesor, no para un coach.

Ahora bien, imaginemos que si bien quiero aprender inglés, el conocimiento técnico no es un problema (como cada vez lo es menos en nuestra sociedad), tengo varios libros, manuales y cursos. El problema es que a pesar de que todos los años me lo planteo, fallo a la hora de hacer un buen plan, adquirir un hábito, establecer prioridades y ejecutar mi compromiso. En este caso, mi problema sólo se puede solucionar desde mis propias circunstancias. No me sirve ningún conocimiento estandarizado, creado a espaldas de mis problemáticas y patrones personales. Aquí sí, el conocimiento que necesitamos es 100% tácito. ¡Este si sería un objetivo de coaching!

Otra pregunta fundamental a hacerse, acerca de nuestro objetivo y la idoneidad del coaching para trabajarlo es ¿Qué plazo tienes para alcanzarlo? Hay que tener en cuenta que el coaching es un proceso de introspección que lleva un tiempo. Necesitarás por lo menos cinco o seis sesiones, con suficiente espacio entre ellas, ya que el trabajo de asociación y reflexión entre sesiones es también muy importante. Para hacerse una idea, un proceso de coaching necesita por lo menos dos meses.

La asociación de ideas propias y el proceso de auto-conocimiento engendran aprendizajes muy sólidos, pero necesitan “cocinarse”. Si te enfrentas a una necesidad inmediata, será más recomendable un proceso de carácter directivo. Un proceso tipo consultoría o mentoring, donde el experto en base a sus conocimientos o su experiencia, pueda ofrecerte su solución a tu problema, pero de manera inmediata. En Sentirme Mejor recomendamos reservar el coaching para temas importantes, pero no urgentes.

Incluso si te presentas en tu primera sesión con tu coach con una idea clara de lo que quieres, un buen coach te desafiará a profundizar en tu auténtica motivación. Te hará muchas preguntas y te hará desarrollar el qué y el “para qué” quieres lo que quieres. La correcta fijación del objetivo es una etapa crucial del proceso de coaching. Antes de empezar a caminar, tienes que saber exactamente dónde quieres ir. Muchas veces, los objetivos se redefinen, concretan, adaptan o cambian por completo a lo largo del proceso de coaching. Esto es totalmente normal.

Si tu situación es que no sabes qué es lo que quieres, pero sientes que algo no está bien, que algo tiene que cambiar, o simplemente que tu experiencia vital está lejos de todo su potencial. Un buen proceso de coaching puede ser una herramienta valiosísima, para escarbar en el vacío existencial o cualquier otro tipo de descontento y ayudarte a descubrir qué necesitas cambiar. En algunas ocasiones, el proceso de coaching está enfocado en la toma de una decisión concreta por ejemplo “tengo que reestructurar mi equipo de trabajo”. En este supuesto el coaching también es valioso, pero recuerda, el coach no va a decidir por ti. Te ayudará a “poner sobre la mesa” todos los factores, tanto externos como internos que pueden influir en tu opinión, y tomar una decisión 100% consciente y razonada.

En sus primeras fases, además del ámbito deportivo, el coaching creció mucho en el entorno de las organizaciones. Por lo cual podemos deducir que es totalmente aplicable al ámbito profesional. De hecho a día de hoy, la mayor demanda de coach proviene de entornos corporativos. Ya sean objetivos de carácter aspiracional del tipo: “Quiero alcanzar un puesto de dirección en mi empresa” “Quiero alcanzar tal cargo, tal salario o desempeñar tal trabajo” “Quiero dar un giro completo a mi carrera”; Como la solución de situaciones concretas del tipo “Quiero ser capaz de expresar mi opinión en las reuniones” o “Quiero que las discusiones con mi jefe me afecten menos” son objetivos habituales de procesos de coaching. De hecho, parece difícil que ningún otro tipo de profesional pueda ayudarnos frente a este tipo de retos.

En el Coaching Ejecutivo, es común que sean las emrpesas las que asignen, ofrezcan o casi impongan un coach a un trabajador. Puede ser alguien por quien la empresa apuesta para afrontar mayores retos. Puede ser que tras una mala evaluación de desempeño, se tome tal decisión. Muchas veces, los problemas a tratar están relacionados con problemas de comunicación, pérdida de motivación o gestión de las emociones. Aquellos procesos en los que hay fuertes cuestiones emocionales involucradas, son los más difíciles, pero tambien aquellos con mayor potencial de mejora. Son precisamente la especialidad de nuestros mejores coach. Puedes solicitar una sesión gratuita.

Por supuesto, si nuestro objetivo es concreto y tangible, pero corresponde al índole personal y no al profesional, también puede trabajarse en un proceso de coaching. Muchas personas buscan modificar determinados aspectos de su personalidad, o los efectos que estos tienen en sus vidas. Objetivos del tipo: “Quiero dejar de ser tan impulsiva” “Quiero ser más disciplinado” son perfectos para trabajar con un coach. Quien te ayudará a descifrar que creencias, emociones y razonamientos te llevan a actuar como actúas, y qué puedes intentar hacer de manera diferente, para recibir resultados distintos.

Básicamente cualquier objetivo personal se puede trabajar desde el coaching, mientras cumpla los dos requisitos básicos: que el conocimiento necesario sea tácito y que el tiempo sea suficiente para una profunda introspección. Ahora, para que el proceso tenga verdadero éxito, existen ciertas condiciones a cumplir por el lado del coachee. ¿Hay algo que quieres de verdad? ¿Estás dispuesto a abrir puertas y enfrentarte a tus fantasmas? ¿Estás dispuesto a esforzarte, probando distintos planes de acción? El coach puede ser de gran ayuda, pero si no hay motivación y compromiso por parte del cliente, el proceso será una pérdida de tiempo.

Muchos de los objetivos que se plantean a los coaches tanto en el ámbito particular como el de las empresas tienen que ver con cómo nos relacionamos unos con otros. Objetivos tipo: “Quiero mejorar la relación con mis hijos” “Quiero discutir menos con mi madre” “Quiero mejorar la relación con mi equipo de tabajo” “Quiero conseguir una relación romántica estable” son muy habituales y adecuados para el coaching.

En el mundo de las relaciones, el conocimiento técnico vale poco. Si cada persona es un mundo, el cómo se relaciona con otras personas, igualmente complejas, en sus circunstancias únicas, es un universo. Por ello el coaching con su enfoque de proceso “Ad Hoc” y guiado por el cliente, es tan idóneo para desenmarañar relaciones personales. En el coaching para empresas es muy común el coaching de equipos, donde las dinámicas y relaciones entre sus miembros serán el tema principal. Algunos coach también están especializados en el coaching de parejas o familias.

Como hemos visto, el coaching es una herramienta valiosa en la consecución de objetivos concretos y con un resultado observable y medible en el “mundo exterior”. Para este tipo de objetivos tanto en el ámbito privado como profesional, en Sentirme Mejor recomendamos un proceso de tipo Coaching Humanista no Directivo. Ahora bien, al coaching se aproximan también personas con inquietudes más profundas, de carácter más vivencial, filosófico o incluso espiritual. A veces no se trata tanto de querer cambiar o conseguir esto o aquello. Como de darse cuenta de que con la forma actual de estar en el mundo, no se consiguen los resultados deseados, o simplemente la experiencia vital no es tan satisfactoria como se desearía.

La búsqueda de sentido en la vida, de motivación o de rumbo, la comprensión de lo que realmente queremos, separándolo de lo que ha sido condicionado por otros, son objetivos muy adecuados para procesos de coaching. Para ellos una buena alternativa es un proceso de Coaching Ontológico. En este tipo de procesos se trabajará el “ser” en su totalidad. Que creencias y experiencias, que emociones y pensamientos constituyen la persona que somos (observador en términos de coaching ontológico), con todas sus limitaciones. Y cómo podemos cambiar nuestra forma de interpretar el mundo, para generar una forma distinta de estar en él, que nos proporcione mayor satisfacción y resultados distintos.

Debemos tener en cuenta que la curación de enfermedades mentales (o de otro tipo), no pueden ser nunca objetivos de coaching. El diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales corresponde a profesionales de la salud, como psiquiatras y psicólogos. Pero podría darse el caso de que una persona en tratamiento, quisiera iniciar un proceso de coaching para trabajar un objetivo concreto. Siempre y cuando el objetivo no esté conectado con la enfermedad bajo tratamiento, no debería haber ninguna incompatibilidad entre ambos procesos.

El caso más delicado, pero también con mayor potencial a nuestro modo de ver, es aquel en el que un paciente en tratamiento por depresión o ansiedad, busca apoyo para cumplir un objetivo o resolver un problema, que si bien no es la curación de su condición, si tiene una relación con la misma. Pongamos unos ejemplos: Soy un paciente en tratamiento por un desorden de ansiedad, y quiero superar los bloqueos que la ansiedad me produce en las reuniones de trabajo; Estoy en tratamiento por depresión y busco ayuda para encontrar motivación para realizar actividades y no quedarme en la cama. En ambos casos, el tratamiento de la condición queda fuera del alcance del coaching, pero los objetivos concretos planteados aún causados por las correspondientes enfermedades, si son trabajables desde el coaching. En este tipo de casos en Sentirme Mejor recomendamos solicitar el visto bueno del terapeuta a cargo del paciente antes de comenzar, y ofrecerle al mismo la posibilidad de supervisar todo el proceso.

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