Diferencias entre placer y felicidad

Diferencias entre placer y felicidad

dopamina y serotonina

Placer y felicidad, dopamina y serotonina

Hablar de placer y felicidad, es hablar de dopamina y serotonina. Muchas veces los confundimos, perseguimos y perseguimos cosas que nunca terminan de hacernos felices. Y es que los neuroquímicos que producen una y otra sensación son distintos. No sólo son distintos, sino que se alternan e inhiben. ¿El placer inhibe la felicidad y viceversa? Así es y vamos a explicar por qué:

La dopamina, además de placer o la recompensa, dirige nuestro deseo y nuestra motivación. Su función es precisamente hacernos perseguir cosas en el futuro, motivarnos a buscar alimento, pareja reproductiva o aquello que es beneficioso (aunque en estos tiempos nos engancha a actividades y sustancias nocivas). Es decir, es el neuroquímico de: Para estar bien necesitas más de…

Por otro lado, la serotonina es el principal neuroquímico implicado en disfrutar aquello que tenemos aquí y ahora. Al contrario de la dopamina, que nos impulsa a la acción, a la búsqueda, la serotonina nos hace sentirnos bien con lo que tenemos, disfrutar del contacto con otras personas, etc. Un individuo sano, alterna de manera armoniosa las sendas neuronales dopaminérgicas y serotoninérgicas. Momentos de buscar y momentos de pararse a disfrutar. En las sociedades modernas, este balance está enormemente descompensado hacia la dopamina.

La opinión de los médicos

Nos parece muy interesante una charla del Dr. Robert H. Lusting, en el canal americano FitMind. En él, nos enuncia las diferencias entre felicidad (serotonina) y placer (dopamina), así como su relación con la hormona cortisol (hormona del estrés). El Dr. Lusting nos explica como la relación entre estas tres sustancias, influye decisivamente en los procesos de recompensa, el estrés, la adicción y la depresión.

Robert H. Lustig es profesor emérito de Pediatría, División de Endocrinología de la Universidad UCSF en California. Se especializa en el campo de la neuroendocrinología, con énfasis en la regulación del balance energético por parte del sistema nervioso central. El Dr. Lustig tiene una Licenciatura en Ciencias en el MIT, y un Doctorado en Medicina de la Universidad de Cornell, entre otras distinciones. En este artículo nos hacemos eco de algunas de sus reflexiones:

Los neuroquímicos implicados

Dopamina:

Según explica el Dr. Lusting, la dopamina es el neurotransmisor asociado al refuerzo positivo y al aprendizaje. Genera la sensación de placer y la motivación para buscar más recompensas. Sube cuando encontramos, o pensamos en algo que nos gusta, pero baja después, haciéndonos querer más para volver a sentirnos bien. Su disfunción puede llevar a comportamientos adictivos.

La dopamina funciona estimulando las neuronas, y lo hace de manera muy importante. Tanto es así, que puede llegar a puede provocar la muerte neuronal, por sobreestimulación. Por ello el cerebro tiene un mecanismo de defensa, cuanta más dopamina, mas receptores de la misma se cierran. Por ello produce tolerancia, cada vez hace falta más, para producir menos placer.

Serotonina:

Es el neurotransmisor contrario a la dopamina. Induce una sensación de bienestar y contento. Nos hace sentirnos bien con lo que tenemos, así que no nos impulsa a la acción. La falta de serotonina, en presencia de cortisol, puede contribuir a la depresión. El estrés crónico reduce los receptores de serotonina.

Al contrario de la dopamina, la serotonina inhibe la actividad de ciertas neuronas. Por ello no necesita unos mecanismos de control tan estrictos (a pesar de ello existen proteínas con la función de recaptar la serotonina). Al relajar las células en lugar de activarlas, no hay peligro. No existe la sobredosis de felicidad (serotonina)

Cortisol:

El tercero en discordia es el famoso cortisol, la hormona del estrés. Emitido en las glándulas suprarrenales, actúa en el cuerpo y el cerebro. Su efecto se manifiesta en la corteza prefrontal del cerebro, responsable del autocontrol, inhibiendo su funcionamiento. La disfunción de la corteza prefrontal puede llevar a la pérdida de la capacidad de resistir los impulsos y a comportamientos adictivos.

Tiene una relación especial con la serotonina: el exceso de cortisol sostenido en el tiempo reduce los receptores de serotonina (mucho estrés mantenido, reduce el potencial de sentir felicidad). Por otro lado, altos niveles de serotonina en el cerebro adormecen la actividad de las amígdalas, responsables de ordenar la respuesta de estrés emocional (estar felices, nos hace menos propensos a estresarnos).

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7 diferencias entre felicidad y placer

Cómo decíamos, el Dr. Lustig asocia el placer a la acción de la dopamina y la felicidad a la de la serotonina. Estas son las 7 diferencias que nos  propone para aprender a distinguirlas:

1 Duración:

 El placer es de corto plazo, como una comida, mientras que la felicidad es a largo plazo, como una vida entera.

2 Experiencia física vs. experiencia mental:

El placer es visceral y se siente en el cuerpo, mientras que la felicidad es etérea y se experimenta principalmente en la mente.

3 Recibir vs. dar:

El placer se obtiene al tomar algo, como en un casino, mientras que la felicidad se encuentra en dar, como en participar en proyectos benéficos.

4 Individualidad vs. interacción social:

El placer se puede lograr en solitario, como al comer un pastel de chocolate, mientras que la felicidad se encuentra en grupos sociales, como en una fiesta de cumpleaños.

5 Sustancias adictivas:

El placer se puede alcanzar a través del uso de sustancias, como la cocaína o la heroína, mientras que la felicidad no se logra mediante el consumo de sustancias.

6 Adicción:

El placer extremo puede ser adictivo, ya sea por sustancias o comportamientos compulsivos (compras, juego, redes sociales, etc.), mientras que no existe una adicción a la felicidad.

7 Neurotransmisores:

El placer está asociado a la dopamina, mientras que la felicidad está asociada a la serotonina.

 

¿Porqué es importante comprender la diferencia?

Es importante comprender la diferencia entre un proceso y otro, porque la búsqueda excesiva de placer puede afectar negativamente la felicidad y el bienestar general, ya que el exceso de dopamina puede disminuir los niveles de serotonina y causar problemas de adicción y depresión.

El confiar nuestro bienestar a la búsqueda de placeres, logros o recompensas, no da buen resultado, ya que la dopamina sencillamente no está diseñada para ofrecernos satisfacción duradera. Si nos sintiésemos siempre bien, no tendríamos la motivación para seguir buscando. y la función de la dopamina es precisamente mantenernos siempre en “la caza”.

¿Te ha ocurrido que deseas algo con fuerza, pero una vez que lo tienes, al poco tiempo pasa la emoción y con ella el interés, y acto y seguido te ves deseando lo siguiente? Eso es dopamina, no sirve par disfrutar lo que tienes, sólo para seguir deseando y persiguiendo. Además, al generar tolerancia, cada vez necesitamos más de lo que sea, para conseguir el mismo “subidón”, dejando la puerta abierta a la adicción.

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El Mindfulness te enseña a parar, dejar desear nada en el futuro, y disfrutar el momento presente.
Tu relación con la serotonina y la dopamina, mejorará mucho.

Sociedad dopaminérgica

La dopamina no es en sí mala, es totalmente imprescindible, pero como hemos dicho antes, vivimos en una sociedad enormemente sesgada hacia el campo de la dopamina. Publicidad, compras, comida azucarada, grasienta o salada, alcohol, drogas, redes sociales, recompensas continuas al ego, todos ellos procesos dopaminérgicos, y como tales destinados a mantenernos continuamente (o en el mejor de los casos intermitentemente) insatisfechos.

El estrés crónico, tan habitual en estos días agrava la situación: La presencia excesiva y sostenida de cortisol, disminuye los niveles de serotonina. Nos sentimos mal y buscamos algo que nos haga sentir bien. Caemos en la búsqueda de placeres (dopamina), que nos hacen sentir mejor inmediatamente, pero su efecto es siempre limitado en el tiempo. Nos volvemos a sentir mal, lo cual nos hace buscar la actividad o sustancia dopaminérgica con más fuerza. La serotonina baja aún más, y los picos de dopamina cada vez otorgan menor disfrute, y sus caidas posteriores mayor ansia. Quien más, quien menos es victima de estos circulos viciosos, vivimos en una sociedad dopaminérgica.

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